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miércoles, 10 de octubre de 2012

De cuerpo presente (Entrevista a Díaz Varín después de ser hija ilustre de La Serena)


¿Cuál fue su sentir ante este reconocimiento?

Más que un poco, demasiado ampuloso. La verdad es que nunca había visto que los regimientos y las bandas de guerra ocuparan el centro de una ceremonia y una ciudad. Con todo ese despliegue policial y militar. Tal vez sea por qué nunca he entendido estas cosas. Pensé que se iba a realizar una ceremonia en la municipalidad, más íntima, y no en la plaza.

¿Traía algo preparado?

Sencillas palabras de agradecimiento, y aunque en la medalla no venía mi nombre grabado, la agradezco igual. No era una clase magistral ni una cuestión académica lo que quería expresar. Yo soy una mujer modesta y simple. Las complejidades no van conmigo.

¿Tanto así?

Estoy sumamente agradecida y contenta, porque de algún modo es un aliciente para que la gente que se dedica  a la creación se empape de su propio fuego, más aún cuando lo hace en los lugares de su infancia, porque aunque uno se haya ido, la reconocen y le tienen cariño.

¿Y la medalla en sí qué representa?

Esta medalla es como una lápida. Me siento muerta porque creo que en este país (y no estoy hablando ni de una ciudad, ni de la provincia ni de la región), la gente reconoce a sus creadores después que han muerto. He recibido en este último  tiempo premios y reconocimientos en vida ... que creo que ya estoy muerta, y este último galardón es la lápida.

¿Tardó mucho este reconocimiento? ¿Acaso no hubiera sido más propicio en la gestión anterior?

No. Creo que La Serena no tiene que reconocerme ninguna cosa. Lo que una ha hecho toda su vida es lo mejor que ha podido hacer, no pensando en reconocimientos sino en un respeto hacia sí misma. Una ciudad es como una familia: si tú te portas mal o tu comportamiento es sucio, ello es recíproco a lo que tu ciudad te devuelve.

¿Algún proyecto inmediato?

Avalado por la Universidad de Oregón (Estados Unidos), y apoyando por el Fondart, se publicará próximamente mi libro "De cuerpo presente", el que será editado primeramente en inglés y posteriormente en español.

¿Y su temática?

Es un libro testimonial que abarca desde mis años de infancia en esta querida ciudad hasta el presente. Aquí, la ciudad ocupa un lugar preponderante, donde a través de muchas páginas rememoro. La Serena hasta el año 47, en un intento por destacar nombres y situaciones que han perdurado en mis recuerdos desde mi adolescencia.

¿Cómo definiría su trayectoria?

Muchas derrotas y pocos logros. No aspiro a un reconocimiento mayor, de allí que esta medalla la reciba y valore en profundidad. 


martes, 9 de octubre de 2012

II

         Soledad vertical de cada espiga
Tiempo en el aire poblado de gestos
Por el don previsible.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

XI


                Lo atormentaba
mi cosecha de sueños antiguos
Pero yo fui la savia
Que lo nutrió en su adolescencia.

                Ese
El que yo amaba
Cantó el canto de las aves pasajeras
Yo
Edifiqué los aires
para verificar la voz de la zampoña.

martes, 11 de septiembre de 2012

Sinfonía del hombre fósil


I
            Desde un mundo de carbón vegetal, me levanto,
como empujada ola, compañero.
Me vibran las acústicas marinas
y enhebro el silencio de la greda,
y escupo a la muerte por encima del hombro.

            Pero nada es igual dentro del agua
sino el agua y el pez dentro del agua.

            Si a cada día, si a cada espacio vengo,
por la noche mis manos enloquecen,
y el vértigo fustiga la horadada simiente.
No sólo el ritmo es propensión al canto,
pues entonces la muerte
no podría tener un significado de vocales.

            El paso se acostumbra al silencio
como el agua a los muelles,
y voy cantando risas a olvidadas aceras
con detalles ambicionados por la nieve.
¿A qué viene entonces el deseo de sentirse viva?
-Así es una niña azul en su traje de verano-.
Yo tengo una cabellera de yodo
y en cada ojo un barco con forma de mirada,
y asida a un mástil sin cuidado fumo
mi cachimba de hierbas suburbanas,
y en un sonoro vientre mi corazón apoyo
y a oscuro corazón mi corazón allego.

            Soledad, me acostumbro a diversas costumbres.
Eternamente verde, muerta en el alga verde,
y el sudor de los vinos agotados, me ciñe
y abandono deseos vertebrales.

            En corporales nieblas,
me desvisto de sal y resinas oscuras
y asisto al panorama de besos y crujidos
y a latitudes verdes me incorporo.

            Amigo, ya lo sé.
Dejaré al tiempo saber su estación olorosa.
El habitante de mi sangre no está conmigo ahora.

            Iba con su hombro izquierdo en dirección al norte
y la piel erizada y oculta prometida a la pampa roja.
Ay astro mal herido por el día,
desde tu corazón te he suicidado
ayudada por tu propia luz.
El habitante de los cristales no está conmigo ahora.
A qué venir entonces a medir el espacio con el hueco de los ojos.
El habitante de mi sangre no está conmigo ahora.

            Desde donde la luz inicia la distancia,
desde los puros astros montañeses,
oigo tu voz de aletargado vino,
tu esencial continencia de agua dura.
Y no soy yo en el fuego devorando crisoles
y no estoy en la fécula de sabor prohibido
ni en la silenciosa multitud.

            Y así, entre advenedizos y distantes,
desastillando la mano del leñador junto a su único árbol derribado.
El habitante de mi sangre no está conmigo ahora.

            Su misteriosa voz de océano,
su labranza de anillos,
su escondida raíz,
su pétrea contextura,
su esmerilada boca de diamante
agoniza en la tierra su secreto;
en ahogados espasmos de vertientes inéditas
-claras constelaciones subterráneas-
siderales ramajes suspendidos en el viento del sur.

            Ay compañero;
tu rasgada piel de animal quebradizo,
ay, hombre, muriendo e inconcluso,
hombre de intentos pétreos,
de prohibidas féculas candeales.
¿De qué espiral renacerá tu canto,
de qué aullido infantil se hará tu corazón?

            Qué importa tu experiencia de abdomen
envejecido y virginal,
qué tus huesos florecidos,
qué tu angustia de cineraria seminal.

            Yo me levanto
sobre tu semblante de alga seca
y avizoro olas escasas de pelaje marino,
y a verticales sombras verticales me uno
como a su sombra, un ahorcado suspendido de noche.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Carta de navegación


Un matrimonio no siempre bien avenido, sin embargo llega a conformar una perfecta simbiosis: Coquimbo, La Serena.
 Entrega mutua, y el cordón umbilical que los une: el mar.
 En esta imagen de síntesis y parquedad, de analogías ausentes; incluso de comparaciones que nunca devienen resultados felices; la propuesta lírica de sus hijos desde siempre ha enriquecido la literatura Nacional.
 El litoral del Norte Chico es un torbellino de poetas mayores y menores. Gran parte del quehacer poético de la provincia estuvo durante décadas soterrado. La voz de sus poetas avanzaba en puntas de pie, silencioso. Esperando el momento que una lúcida preocupación cultural los llevara a la superficie de las arenas, a los valles, desde las laderas a la emergencia de mayores alturas. Ambición ancestral del hombre que se propone metas cumbreñas -esperamos convencidos-.
 Hay una raíz profunda que los jóvenes autores suelen olvidar. Cierto es que hay oralidad antigua, el pensamiento transmitido, pero también hay el descubrimiento del yo.
 Los jóvenes tienden a cometer el gran pecado por omisión o deliberadamente de fratricidio; ícaros desobedientes los poetas, volando libres hacia el sol.
 No deja de ser sorprendente, por lo inusual, que un poeta joven, estudie y respalde el trabajo de sus pares y coterráneos.
 Difundir una obra poética implica salvar más de algún obstáculo, con el consabido complejo de culpabilidad del antologador, al no incluir un mayor número de autores, y es seguramente lo que Javier del Cerro debe sentir ante la responsabilidad de su elección.

 A Samuel Núñez lo tengo presente hace mucho, desde los primeros fulgores de su «Añañuca», la roja azucena del desierto.

 Generoso divulgador de la poesía de sus lares; el pionero tenaz, viviente en la poesía que lo invade, transmitiendo en sus hojas el habla lírica de sus coterráneos; porfiado como la semilla escondida, aguardando la garúa para florecer.
 Más allá de la palabra encendida está la esencia, la terrible desolación y el desamparo que vivimos los del norte y los del sur cuando la más grande marea trató de sepultarnos a lo profundo de la fosa azul del Pacífico.

TODAS LAS NOCHES
LAS CARCELES DEL MUNDO
DEJAN DE SER CARCELES

 Es verdad, nadie puede encarcelarnos...
 ¿O tal vez los sueños del hombre son producto de la oscuridad más profunda?
 El tono sentencioso, lárico a la manera rilkeana, figurativamente para que se adivine, pervive en Samuel sin distorsiones su voz, fiel a su vida y a su obra.
 Recuerdo la «Estación Empalme», el corazón del Coquimbo antiguo, la calle Aldunate.             El tren traqueteando desde el norte por la angosta trocha a duras penas para transbordar en La Calera y allí bajaban los pasajeros, con sus bultos, sus sueños y la nostalgia a cuestas, a la espera del otro tren  que llegaba altivo desde Valparaíso con rumbo a Santiago.
 Los empalmes de Oscar Elgueta reviven reminiscencias, se enseñorean por su poesía, con destino a una vida en el perdido paraíso de la cotidianidad juvenil.

...suenan campanas
carrillones llaman velas goteando
corre
el cerote por el piso
una vía de escape tras los cerros
fugarse al viejo Hotel Ingles

...y esperando en el empalme 17 siente que suena la madera con olor a raíces.

Suena la madera con olor a raíces
árboles y muros se perciben al aire
y tras
las hojas la muerte
que ronda callejones y quebradas
y se pasea por las calles del puerto
entre consignas
y garabatos se pasea

has soñado con cangrejos gigantes
que devoran al chacal asesino y loco

 Los cuatro poetas de esta muestra antológica nos entregan un corpus de habla eminentemente lírica, aunque a veces fragmentaria.
 No cabe duda que estamos en presencia de valores cimentados en el esfuerzo y compromiso, consecuencia que los sitúa en lo perdurable.
Stella Díaz Varín
La Serena/ Santiago, diciembre de 1999 

De el libro Poesía Chilena Contemporánea, Coquimbo La Serena 1980- 2000 de Javier del Cerro

Estación empalme del antiguo Coquimbo y Samuel Núñez volándose los sesos. Idea: Julio Mundaca 

viernes, 24 de agosto de 2012

X


           Hubo una vez...
El amor enmudeció
los recintos de la memoria
            Él
Era de las tristes partidas
De la última gota
Y fue escanciado en mi vaso

            En el cauce verdadero
Su palabra rodaba
Anticipando una mañana sutil.

            Yo era el río
Mi amado
Era el dios joven y el auriga.
            Yo era el látigo.

            La vibración del aire
Entre los abedules
Hacía mal a sus oídos
Fustigar la mariposa -me dijo una vez-
Va contra las leyes de la estética. 

martes, 15 de mayo de 2012

Advenimiento



Una cruz dibujada con perfiles de sombra.
Está mi cabellera ligeramente absorta
cubriéndole el estiércol a los ojos del mundo.
Está mi arquitectura de raíces informes
ahuyentando a los cuervos, dominando el silencio
y esperando su hora.

Ay, hombre de los ojos y de las manos raras,
me gusta tu demencia más que tus reflexiones.
Dime que soy la hembra de un búho alucinado,
que de contar estrellas dormidas, quedó ciego.

¿Qué quieres de mi pobre manantial escurrido?
¿Qué quieres, si ya sabes repetir mi palabra?
Un gesto de mi mano sabe cantar tu angustia:
un gesto de mi mano, sabe domar tus ansias.

Hombre de las inquietas pupilas de aceituna,
capitán de las rojas carabelas del alba,
sabes que el Alfarero me hizo triste, ¿qué quieres?
Yo no sabía entonces que iba tener un alma.

Llegó un luna roja con sus ojos hundidos
a besar a los cardos.
Murió un cuervo esa noche,
y empezó mi jornada.
Ya ves, que de repente puede haber una noche,
puede morirse un cuervo.
Ya ves, que de repente puedes contar las larvas
que beben en la cuenca vacía de tus ojos.

Llegó una luna roja con sus ojos hundidos
a fabricar los peces.

Yo estaba en ese instante en la madera. El leño
crepitaba de rabia porque estaba conmigo,
yo estaba en la madera,
y era el leño era mi amante.

El Alfarero vino, tomó un trozo de fuego
y modeló mi entraña.
después, apasionada y silenciosamente
dibujó mi sonrisa
que es esta mueca absurda que me forma la cara.

¿Qué quieres, pues?
Ya estoy como yo lo quería...
Ah, me olvidaba, ¿sabes?
De la primera nota de la flauta del viento
fue modelada mi alma

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Obra reunida de Stella Díaz Varín

Editorial: Cuarto Propio.
Fotografía portada: Leonora Vicuña.
Libros reunidos: Razón de mi ser, Sinfonía del hombre fósil, Tiempo, medida imaginaria, La Arenera y Los Dones previsibles.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Cantos de Anadir [Canto segundo]


  Como si después de tanto tiempo, no pudiera seguir existiendo Anadir. ¿Acaso cada cosa que sucede, no significa el destierro de un mero corazón, apenas comenzado?

  Desde tu ausencia me he arrebatado de mar, me hundo en la arena tibia, como en tu cuerpo; te diviso, más que te imagino, sobre la última ola azul. Siempre vas precedida de puertos y de mástiles y de extraños barcos silenciosos, y un coro ronco de marineros se sumerje contigo en e oscuro seno movedizo. Entonces la tristeza y la soledad hacen presa de mi, y me revuelco como un pez despreciado y moribundo.

  ¡Ay, si la ola negra de tu cabellera me sepultara, y vivir pudiera en mares desconocidos, donde el almizcle y el yodo tiñeran mi piel y bebiera el sudor angustioso de la esclavitud!
  Más que la muerte que conocemos y está en nosotros, deseo la vida ignorada, más allá del mar y sus emanaciones, más allá de la montaña y sus nieves, más allá del fuego y su lengua amiga y acariciadora.
  Qué sería de mi si el espíritu del mal huyera de mi lado y no pudiera poseerte, Anadir:
  Partiría mi sien derecha con una roca, para que los pájaros marinos bebieran en mi cráneo y pudieran hablarte, cuando te paseas en el horizonte, con tu coro ronco de marineros borrachos de muerte.