miércoles, 29 de agosto de 2012

Carta de navegación


Un matrimonio no siempre bien avenido, sin embargo llega a conformar una perfecta simbiosis: Coquimbo, La Serena.
 Entrega mutua, y el cordón umbilical que los une: el mar.
 En esta imagen de síntesis y parquedad, de analogías ausentes; incluso de comparaciones que nunca devienen resultados felices; la propuesta lírica de sus hijos desde siempre ha enriquecido la literatura Nacional.
 El litoral del Norte Chico es un torbellino de poetas mayores y menores. Gran parte del quehacer poético de la provincia estuvo durante décadas soterrado. La voz de sus poetas avanzaba en puntas de pie, silencioso. Esperando el momento que una lúcida preocupación cultural los llevara a la superficie de las arenas, a los valles, desde las laderas a la emergencia de mayores alturas. Ambición ancestral del hombre que se propone metas cumbreñas -esperamos convencidos-.
 Hay una raíz profunda que los jóvenes autores suelen olvidar. Cierto es que hay oralidad antigua, el pensamiento transmitido, pero también hay el descubrimiento del yo.
 Los jóvenes tienden a cometer el gran pecado por omisión o deliberadamente de fratricidio; ícaros desobedientes los poetas, volando libres hacia el sol.
 No deja de ser sorprendente, por lo inusual, que un poeta joven, estudie y respalde el trabajo de sus pares y coterráneos.
 Difundir una obra poética implica salvar más de algún obstáculo, con el consabido complejo de culpabilidad del antologador, al no incluir un mayor número de autores, y es seguramente lo que Javier del Cerro debe sentir ante la responsabilidad de su elección.

 A Samuel Núñez lo tengo presente hace mucho, desde los primeros fulgores de su «Añañuca», la roja azucena del desierto.

 Generoso divulgador de la poesía de sus lares; el pionero tenaz, viviente en la poesía que lo invade, transmitiendo en sus hojas el habla lírica de sus coterráneos; porfiado como la semilla escondida, aguardando la garúa para florecer.
 Más allá de la palabra encendida está la esencia, la terrible desolación y el desamparo que vivimos los del norte y los del sur cuando la más grande marea trató de sepultarnos a lo profundo de la fosa azul del Pacífico.

TODAS LAS NOCHES
LAS CARCELES DEL MUNDO
DEJAN DE SER CARCELES

 Es verdad, nadie puede encarcelarnos...
 ¿O tal vez los sueños del hombre son producto de la oscuridad más profunda?
 El tono sentencioso, lárico a la manera rilkeana, figurativamente para que se adivine, pervive en Samuel sin distorsiones su voz, fiel a su vida y a su obra.
 Recuerdo la «Estación Empalme», el corazón del Coquimbo antiguo, la calle Aldunate.             El tren traqueteando desde el norte por la angosta trocha a duras penas para transbordar en La Calera y allí bajaban los pasajeros, con sus bultos, sus sueños y la nostalgia a cuestas, a la espera del otro tren  que llegaba altivo desde Valparaíso con rumbo a Santiago.
 Los empalmes de Oscar Elgueta reviven reminiscencias, se enseñorean por su poesía, con destino a una vida en el perdido paraíso de la cotidianidad juvenil.

...suenan campanas
carrillones llaman velas goteando
corre
el cerote por el piso
una vía de escape tras los cerros
fugarse al viejo Hotel Ingles

...y esperando en el empalme 17 siente que suena la madera con olor a raíces.

Suena la madera con olor a raíces
árboles y muros se perciben al aire
y tras
las hojas la muerte
que ronda callejones y quebradas
y se pasea por las calles del puerto
entre consignas
y garabatos se pasea

has soñado con cangrejos gigantes
que devoran al chacal asesino y loco

 Los cuatro poetas de esta muestra antológica nos entregan un corpus de habla eminentemente lírica, aunque a veces fragmentaria.
 No cabe duda que estamos en presencia de valores cimentados en el esfuerzo y compromiso, consecuencia que los sitúa en lo perdurable.
Stella Díaz Varín
La Serena/ Santiago, diciembre de 1999 

De el libro Poesía Chilena Contemporánea, Coquimbo La Serena 1980- 2000 de Javier del Cerro

Estación empalme del antiguo Coquimbo y Samuel Núñez volándose los sesos. Idea: Julio Mundaca 

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